El SUMlab de la Universidad de Cantabria acaba de publicar un nuevo artículo científico en la revista internacional Transport Policy en el que se analiza, de forma conjunta, cómo cambiarán la elección de modo de transporte y las estrategias de aparcamiento en la era de los vehículos autónomos.
A partir de modelos de comportamiento y una encuesta de preferencias declaradas, el estudio explora una pregunta clave para las ciudades del futuro:
¿desaparecerá realmente el problema del aparcamiento o se transformará en una nueva fuente de congestión urbana?
A continuación, resumimos cinco resultados del estudio, explicados en clave divulgativa pero basados en evidencia científica
Encontrar un hueco para aparcar en el corazón de una metrópolis no es solo una tarea tediosa; es un fallo de diseño urbano que devora hasta el 50% del tráfico en los distritos financieros. Sin embargo, estamos ante un cambio de paradigma que promete erradicar este «ballet» frustrante de dar vueltas a la manzana. La llegada de los Vehículos Autónomos (VA) no es simplemente una sustitución de motores por algoritmos; es una revolución en la arquitectura de nuestras decisiones diarias. Pero, ¿realmente desaparecerá la congestión o simplemente mutará en una nueva forma de fricción logística? La transición hacia el coche que «conduce solo» esconde intersticios económicos y psicológicos que desafían nuestra lógica actual sobre el tiempo y el espacio.
1. Tu coche no querrá aparcar, preferirá «vagar» por la ciudad
El futuro del aparcamiento no es estático, es cinético. Basándonos en el análisis de Millard-Ball (2019), el vehículo autónomo introducirá el concepto de «cruising» o deambuleo infinito. Aquellos usuarios con mayor apertura a la innovación preferirán estrategias de drop-off (que el coche los deje en la puerta) o enviar el vehículo de vuelta a casa antes que pagar las elevadas tarifas de un parking céntrico.
Esta «libertad» tiene un reverso oscuro: el calor de miles de motores vacíos funcionando al ralentí mientras esperan a sus dueños. Sin una regulación estricta, nuestras calles podrían convertirse en un desfile de carcasas metálicas sin alma, saturando las arterias urbanas solo para ahorrar unos euros en estacionamiento. Como bien señala la investigación:
«Muchos de los beneficios de los VA, como enviar el coche a casa o que ‘vague’ esperando, podrían ser energéticamente ineficientes y contribuir a un aumento de la congestión si no se regulan adecuadamente».
2. El odio al autobús: El tiempo de espera nos «duele» un 55% más
La percepción del tiempo es el mayor obstáculo para la movilidad colectiva. Los datos del modelo HCM revelan una brecha psicológica profunda: el cerebro humano no procesa igual los minutos si está en movimiento que si está parado en una acera.
• La penalización de la espera: La «desutilidad» de esperar el autobús se califica un 55% peor que el tiempo de viaje en un vehículo privado.
• La brecha de percepción: Esta diferencia de casi dos tercios en la valoración negativa es el muro contra el que choca el transporte público.
• El factor control: En un coche privado, incluso si hay tráfico, el usuario siente que «avanza» en su propia burbuja, mientras que la espera en la parada se percibe como un tiempo muerto y hostil.
3. La paradoja del coche compartido: El tiempo es oro si no vas solo
Aquí surge una contradicción fascinante que redefine la eficiencia. Podríamos pensar que quien comparte coche es más tolerante al tiempo, pero los datos de la «Disposición a Pagar» (WTP) demuestran lo contrario: el tiempo es mucho más «caro» cuando el coche es compartido.
• Privacidad vs. Eficiencia: Un usuario en su coche privado está dispuesto a pagar apenas £0.14 por cada 10 minutos ahorrados. Sin embargo, un usuario de un Vehículo Autónomo Compartido (SAV) está dispuesto a pagar hasta £0.50 por esos mismos 10 minutos.
• El coste de la intrusión: Valoramos nuestro tiempo casi 3.5 veces más cuando estamos en un entorno compartido. Cada desvío para recoger a otro pasajero o cada minuto de ruta indirecta genera una penalización de utilidad masiva. La pérdida de privacidad y la falta de control sobre el itinerario hacen que el reloj pese mucho más que en nuestro propio «cocoon» privado.
4. El nuevo factor invisible: El «Tiempo de Recuperación»
La tecnología suele resolver problemas viejos creando nuevas servidumbres. El estudio introduce una variable crítica: el RECT (Recovery Time) o Tiempo de Recuperación. Ya no sufriremos buscando una plaza, pero sufriremos esperando que el coche «regrese» a nosotros desde su punto de espera remoto.
Es la gran ironía de la logística personal: eliminamos el estrés del aparcamiento pero introducimos una nueva fricción de espera coordinada. El RECT influye hoy en la elección del transporte tanto como el tiempo de búsqueda tradicional. En el futuro, la escena de miles de ciudadanos parados en el bordillo de la acera, mirando su aplicación y esperando que su coche autónomo logre atravesar el tráfico de «coches fantasma» para recogerlos, será la nueva norma de la ineficiencia urbana.
5. La brecha de confianza: Quiénes están listos para soltar el volante
La adopción de esta tecnología no será uniforme; está fragmentada por perfiles psicográficos y prejuicios demográficos claros, según los coeficientes gamma (γ) del estudio.
Perfil del Adoptante Temprano y el Escéptico:
• El Ancla de la Seguridad: La afinidad por la seguridad del VA (γ=2.72) es el motor principal, siendo casi tres veces más influyente que la simple afinidad tecnológica (γ=1.02). Si no confiamos en el algoritmo, el gadget no importa.
• Micromovilidad vs. Tradición: Los usuarios de e-scooters (γ=0.48) son los más predispuestos a dar el salto. En contraste, los ciclistas (γ=−0.44) muestran un escepticismo notable, quizá por la naturaleza análoga y la vulnerabilidad intrínseca de su modo de transporte frente a la automatización.
• La Resistencia Demográfica: Existe una barrera clara en las mujeres (γ=−0.29) y, de forma mucho más acentuada, en los mayores de 65 años (γ=−0.76), quienes presentan la mayor desconfianza hacia la cesión del control al software.

Conclusión: Hacia una acera sin coches, pero con más tráfico
Estamos ante un desplazamiento de la batalla urbana: el parking dejará de ser una cuestión de espacio estático para convertirse en un problema de gestión de la acera (curbside management). La acera es el nuevo campo de batalla del sector inmobiliario público. Si no implementamos precios dinámicos que penalicen los kilómetros recorridos en vacío, la comodidad de que el coche nos deje en la puerta podría colapsar nuestras ciudades.
En un futuro donde tu coche puede dejarte en la puerta y buscar su propio destino, ¿estarías dispuesto a pagar más para que la ciudad no se convierta en un desfile infinito de coches fantasma?
Proyectos que han hecho posible esta investigación
Este trabajo ha sido financiado gracias a:
- PID2023-149926OB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).
- SUM+Cloud: Co-Creation and Compatibility of Edge-Cloud Information, financiado por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (NextGenerationEU).
- Proyecto TCNIC 2023/TCN/007, cofinanciado por el FEDER dentro del Programa Operativo de Cantabria 2021–2027.
Referencia del artículo
Rodríguez, A., Daziano, R., Moura, J. L., Delgado-Lindeman, M., & dell’Olio, L. (2026). Uncovering mode and parking preferences in the era of autonomous vehicles. Transport Policy, 178, 103973.
https://doi.org/10.1016/j.tranpol.2025.103973



